Cómo elegir el teléfono que mejor se ajuste a tu mano

Actualidad abril 7, 2014

Geoffrey A. Fowler

Este año, quiero pasarme a una pantalla que mida al menos 4,7 pulgadas de diagonal, frente a las cuatro pulgadas del iPhone que utilizo en la actualidad. Con los smartphones, hasta el incremento más pequeño es importante.

Nos reíamos del gigantesco teléfono móvil de Gordon Gekko en «Wall Street», pero los fabricantes de dispositivos vuelven a decantarse por los teléfonos grandes –o al menos con pantallas así. El Xperia Z Ultra de Sony tiene aproximadamente el tamaño de una tableta de chocolate, con una pantalla de 6,4 pulgadas. En el último año, el «phablet» ha pasado de ser objeto de burlas a convertirse en un superventas.

Pero, ¿cuál es el tamaño ideal?

He probado una docena de teléfonos y he consultado a expertos en ergonomía y a terapeutas físicos, además de comprobar los bolsillos de un sinfín de pantalones. Resulta que existe una ciencia para determinar el tamaño de pantalla que mejor se ajustaría a cada uno, y hay tres factores muy importantes: lo que se puede ver, lo que los pulgares pueden alcanzar y lo que se puede sostener con facilidad. Si el tamaño de la pantalla todavía no era determinante a la hora de elegir su teléfono, este año probablemente lo sea. El iPhone 5S de Apple cuenta ahora con una de las pantallas más pequeñas que se pueden encontrar entre los smartphones de vanguardia, pero la firma de la manzana se ha planteado lanzar dos modelos nuevos más grandes, uno de ellos con una pantalla de más de 5 pulgadas. Por su parte, HTC incrementó hace unos días el tamaño de su teléfono insignia One a 5 pulgadas, mientras que la última edición del ya espacioso dispositivo Galaxy de Samsung creció una décima parte de una pulgada.

¿Por qué aumentar el tamaño?

Porque con una pantalla más grande se pueden hacer más cosas.Un estudio publicado en 2011 halló que la gente que leía las políticas de privacidad en iPhones con pantallas de 3,5 pulgadas comprendía alrededor de la mitad de lo leído en comparación a las personas que lo hacían en el monitor de un ordenador de sobremesa.

Y lo que más hacemos ahora con nuestros teléfonos no es hablar, sino leer, comprar y jugar a juegos. En diciembre, los estadounidenses pasaron una media de 34 horas semanales utilizando aplicaciones y navegando por Internet con sus teléfonos –seis horas más que el año anterior, según la firma de investigación Nielsen. Es mucho más tiempo del que dedicamos a hacer llamadas.

Las pantallas grandes también son mejores porque todos tenemos dedos gruesos. Jeong Ho Kim, de la Universidad del Norte de Illinois, y otros investigadores que han estudiado las tabletas han descubierto una correlación entre la velocidad de escritura y el tamaño de los teclados virtuales. Hasta el último milímetro importa. Si se cambia un iPhone de 4 pulgadas por un Moto X de 4,7 pulgadas, las letras crecen de 4 a 5 milímetros –haciéndolas un 25% más anchas. Sería aconsejable comprar la pantalla más grande del mercado si no fuera por un factor restrictivo: nuestros pulgares. Nuestros ancestros darwinianos utilizaban sus pulgares más bien menudos para colgar de enredaderas, pero nosotros usamos los nuestros, más grandes, para navegar por las pantallas.

Conforme crecen las pantallas, nuestros pulgares tienen más problemas para abarcarlas. Un estudio de 2012 mostró que los pulgares trabajan mucho mejor con teléfonos más pequeños.

Los fabricantes de teléfonos saben que están poniendo al límite la capacidad de nuestros dedos, y han trasladado la mayoría de las funciones importantes de los sistemas operativos a la parte inferior de la pantalla. Y cuando Apple reveló la pantalla más alargada del iPhone 5, cuya diagonal mide 4 pulgadas, la promocionó asegurando que un pulgar podría abarcar la totalidad de la superficie.

Pero no todos los pulgares son iguales. Mis pulgares miden la media para un varón (7 centímetros), y puedo alcanzar prácticamente la totalidad de la pantalla de un iPhone, pero sólo abarco un tercio de la gigantesca pantalla de Sony.

Mi colega Adam, que tiene pulgares de 9cm, puede llegar a la mitad de la pantalla de Sony. Cuando vaya a una tienda, pruebe los teléfonos con una aplicación de dibujo como la de Awwapp.com, que funciona en los navegadores. Sostenga cómodamente el teléfono con una mano y dibuje un arco con el pulgar, como un limpiaparabrisas. Esa es la superficie de la pantalla que su pulgar puede alcanzar cómodamente.

Hay a personas a las que no les importa alargar los dedos. Mi amiga Dora, que utiliza su teléfono más que cualquier otra persona que conozca, sufrió calambres en el pulgar la primera vez que cambió a una pantalla de 5 pulgadas, aunque ahora asegura que se ha acostumbrado. También está bien visto socialmente escribir con los dos pulgares –todos sabemos que dos limpiaparabrisas son mejores que uno.

Todas estas contorsiones que realizamos para compensar la limitación de nuestros pulgares afectan al último factor para determinar el tamaño del teléfono: la facilidad para sostenerlo.

El peso, la textura y el agarre son subjetivos, y requieren pasar cierto tiempo en la tienda de telefonía. Una textura de plástico o piel puede hacer que incluso un teléfono más grande sea más fácil de sostener que uno más pequeño de cristal deslizante o con una carcasa posterior de metal.

Algunos teléfonos cuentan en la actualidad con una carcasa posterior ligeramente curva para ayudar a sostenerlos. El grosor del teléfono también influye en el agarre. Y cuanto mayor es la pantalla, mayor es la batería que necesita el teléfono, pero dado que la superficie detrás de esa pantalla es más amplia, podría no apreciarlo.

Sin embargo, existen ciertos límites fisiológicos con respecto a lo que una mano humana puede agarrar con firmeza. Un indicador muy importante es la distancia entre la base del pulgar y el nudillo intermedio del dedo índice. «El nudillo [central] es algo menos estable», señala Alan Hedge, un profesor del Departamento de Diseño y Análisis Medioambiental de la Universidad de Cornell. Nuestros conocimientos sobre la sujeción del teléfono proceden en gran medida de los mangos de las pistolas. «El ejército ha hecho un trabajo fabuloso sobre la antropometría de la mano», indica Hedge.

Aunque nuestros teléfonos no sean armas, el agarre es importante: creo que el Moto-X de 4,7 pulgadas está más seguro en mi mano que el Nexus 5 de 5 pulgadas. Al igual que aquellos acostumbrados a coger metros que no paran de moverse, aceptaré cualquier recurso a mi alcance para no romper otra pantalla. Luego está el problema de dónde guardar el teléfono. Las mujeres que llevan bolso tienen menos preocupaciones en este sentido. Pero si siempre se lleva el teléfono en el bolsillo, lo mejor es ir a la tienda de telefonía vistiendo los pantalones más ajustados que se tengan. Si el teléfono no entra, siempre hay clips para el cinturón.

«Cuando compramos unos guantes, normalmente nos los probamos para ver si nos quedan bien, pero este paso básico parece desaparecer a la hora de escoger un smartphone, donde nos dejamos llevar por el factor sorpresa», comenta Ira Janowitz, una asesora de ergonomía que da clase en la Universidad de California, Berkeley.

Los teléfonos seguirán creciendo de tamaño, pero hay una cosa que no cambiará: la capacidad y límites de las manos humanas. Así que dejemos que éstas nos guíen a la hora de elegir un dispositivo.

 

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