¿Están acabadas las contraseñas o es que las estamos usando mal?

Blog octubre 31, 2017

De un tiempo a esta parte, son varios los avisos que hacen presagiar  «la muerte de las contraseñas».  Cada vez son más los correos que envían las empresas asegurando que las contraseñas que se introducen quedarán obsoletas en X periodo de tiempo, o aparecen grados que evalúan el rango de seguridad que tiene un password frente a otro. A día de hoy el mercado innova hacia el reconocimiento facial o desbloqueo táctil basado en la lectura digital. Sin embargo, las contraseñas siguen sin ser reemplazadas, siendo esenciales en el día a día de cualquier persona, ya sea abriendo el correo, accediendo a las redes sociales, iniciando los ordenadores… ¿Llegará por tanto el fin de las contraseñas o las quejas proceden de un mal uso de las mismas?

Nos guste o no, por el momento, podemos presagiar que las contraseñas  formarán parte de nuestras vidas durante un largo periodo de tiempo. La principal razón de poder sostener esto, es que no hay ningún factor de falsificación. Las contraseñas pueden ser más o menos parecidas, pero del mismo modo son completamente correctas o incorrectas, siendo inconfundibles para una máquina.
 

Por el contrario, las tecnologías biométricas como lectores de huellas dactilares, escáneres de iris y analizadores de tipografía siempre tienen que aceptar un cierto margen de error, porque la biología es difusa. Voces, rostros e iluminación cambian, y un lector biométrico tiene que tener eso en cuenta. Además, siendo estrictos, un sistema de identificación biométrico puede ser engañado, algo que se ha podido demostrar en diferentes ocasiones. Sin embargo, es hacia donde se enfoca el futuro.
 
Las contraseñas son independientes de la tecnología y son compatibles con versiones anteriores. Son solo una cadena de texto. Esto se ha podido comprobar en los últimos años, viendo el manejo y compatibilidad en diferentes sistemas operativos como Windows, Mac, Unix, Android, iOS, IOS, TRSDOS, BeOS…
 
Insistiendo aún más en la biométrica, el cambio deberá ser drástico, puesto que no es compatible. Es decir, no todos los dispositivos pueden ver tu rostro, leer tu huella digital o analizar tu forma de andar. Por tanto, implementar estas tecnologías supone un coste adicional en cualquier caso.
 
Profundizando más en el “mundo” de las contraseñas, podemos indagar aún más y reafirmar que además de ser desechables, no cuestan nada. En el momento en el que una contraseña se ve comprometida en una violación de datos, por ejemplo, simplemente hay que reemplazarla por una nueva, algo rápido y gratuito.
 
Usar contraseñas de la manera correcta es el secreto mejor guardado. Generalmente, los problemas con las contraseñas surgen por el simple hecho de que los usuarios somos los humanos y, en ocasiones, la pereza es la protagonista. Crear contraseñas demasiado cortas, fáciles de adivinar o reutilizarlas en carias cuentas provoca que varios servicios puedan verse comprometidos.
 
Una solución para esta vaguería y convertir en eficaz la funcionalidad de las contraseñas puede ser, por ejemplo, hacer uso de administradores de contraseñas que generan y recuerdan contraseñas seguras y únicas  para cada cuenta que usamos. Además, si quieres hacerlo más seguro, siempre se puede hacer uso de más de un administrador o dividir las cuentas.
 
Por consiguiente, la conclusión que podemos sacar de todo esto, es que las contraseñas no desaparecerán tanto en cuanto la biométrica continúe presentando fallos. Sin embargo, presentamos la siguiente duda: ¿consideras que las contraseñas son un recurso caduco, o podrá convertirse en algo complementario, acabando siendo sustituido por otro método?
 

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