Un monumento a nuestros emprendedores, por favor

Actualidad marzo 14, 2013

El emprendedor nunca está solo. En torno a él siempre están familia, amigos, socios… Todo un ecosistema que colabora con el valiente que se lanza a crear su propio negocio. Este apoyo es especialmente importante en la etapa temprana, cuando la incertidumbre empresarial y personal del fundador llega a sus cotas máximas.

Por ello, en ocasiones esta dimensión social condiciona las decisiones del emprendedor, llegando a truncar sus alas en el momento mas crítico. Ante la recesión y la complejidad económica que acompaña, los desánimos del entorno pueden dar al traste con su motivación. Unos desánimos normalmente asociados al miedo al fracaso, que representan un recelo característico de la cultura española, más propensa a apostar sólo a caballo ganador.

Tradicionalmente, nuestra sociedad ha primado la búsqueda de empleo en empresas grandes o en instituciones públicas, por considerar que es el trabajo más seguro y de calidad. Sin embargo, estas opciones no son la fotografía real de la economía española y menos ante un panorama de recortes y reformas estructurales que van a modificar el tejido laboral en nuestro país para siempre.

El tejido de las pymes

Más del 90% de las empresas españolas son pymes, que generan más del 60% de los puestos de trabajo. No es novedad, por tanto, que el cambio y el empleo han de venir del sector privado y de la creación de empresas, por lo que es preciso dejar atrás esas aprensiones si queremos cimentar un mejor futuro económico.

Si bien Estados Unidos o Israel son referentes por su espíritu innovador a nivel mundial –sea por su larga tradición u otros condicionantes específicos que se les puede atribuir–, los países nórdicos lo son en Europa. Esta región atravesó una profunda crisis económica en los años 90 y entre sus medidas destacó la apuesta por la I+D+i y el emprendimiento como motor de desarrollo.

De este caldo de cultivo nacieron gigantes como Skype o Spotify que, junto con cientos de ejemplos, llevaron a The Economist Intelligence Unit a posicionar a los países nórdicos entre los primeros del mundo por su capacidad innovadora y espíritu emprendedor en 2009. No en vano, Noruega y Estados Unidos son los países con la tasa de temor al fracaso más reducida (25%), frente a niveles como los de Francia o España (50%).

La sociedad española debe dirigirse a un modelo similar que favorezca el papel activo de los emprendedores, sean jóvenes o mayores. Una burocracia más sencilla para agilizar la creación de empresas, incentivos fiscales, facilidades para la financiación o el apoyo en la salida al exterior son aspectos importantes, que de hecho contempla la esperada Ley de Emprendedores.

Sin miedo al fracaso, pero sin excesiva tolerancia

Pero también es crítico transformar la dimensión social del emprendimiento para instaurar y generalizar en nuestra ciudadanía, una mayor tolerancia al fracaso y un reconocimiento más maduro al esfuerzo emprendedor.

En disciplinas como el deporte o la investigación, se asume que no siempre se puede ganar o acertar a la primera. Todos admitimos que, más allá del talento, Joel González, Marina Alabau y el equipo femenino de vela Elliott 6m entrenaron duro, cosecharon victorias, pero también soportaron derrotas en duras competiciones hasta lograr sus medallas de oro en Londres 2012.

También reconocemos que los investigadores que crean una nueva vacuna hacen un sin fin de experimentos y pruebas para obtener el fármaco ansiado. Algunas son exitosas, otras no. ¿O acaso se logra un Premio Nobel en el primer intento?

El proceso de experimentación es igualmente intenso para el emprendedor. Nadie nace sabiendo y, aunque se tenga una idea innovadora de alto potencial de negocio, la propia gestión, el ciclo económico u otras muchas circunstancias pueden entorpecer o incluso hacer desaparecer el proyecto. Y si esto sucede, no cabe duda de que el emprendedor habrá aprendido valiosas lecciones de ese fracaso, enseñanzas que podrá aplicar a su próximo objetivo.

Sólo hay dos tipos de emprendedores, los que ya han fracasado y han sabido sobreponerse, y los que van a fracasar.

En España estigmatiza el éxito empresarial

En Silicon Valley, los errores se aplauden y, durante 2012, se ha celebrado The Day for Failure (el día del fracaso) en colectivos empresariales de 17 países de todo el mundo con el objetivo de que la gente aprenda a superar el miedo al fracaso y saque el máximo provecho de él. La buena noticia es que uno de ellos fue en Bilbao. También para el ‘venture capital’, tanto las buenas como las malas inversiones son inherentes a su actividad. Aceptar el fracaso es clave, por tanto, en pro de un ecosistema emprendedor saludable.

En cuanto al reconocimiento social, resulta curioso comprobar cómo la sociedad española suele estigmatizar el éxito empresarial, en vez de celebrar los éxitos, como por ejemplo se hace en el deporte. Una barrera más para el emprendimiento y que no es tan frecuente en otros países de nuestro entorno. 

Reino Unido lanzó recientemente una campaña internacional para impulsar el emprendimiento utilizando fotografías y testimonios de exitosos empresarios, como Richard Branson, con un mensaje contundente: Entrepreneurs are GREAT Britain (los emprendedores son GRAN Bretaña). De la misma manera, la sociedad nórdica otorga un alto reconocimiento a los emprendedores de éxito, según el Global Entrepreneurship Report.

Si se ahonda en nuestro tejido empresarial, se descubren muchos casos de éxitos empresariales que nacieron de la gran idea de un osado emprendedor. ¿Saben que una de las principales empresas de ciberseguridad del mundo es AlienVault, nacida en España y fundada por españoles? Gracias a su tecnología, una excelente gestión y el apoyo del ‘venture capital’, el equipo con Julio Casal al frente ha conseguido competir con grandes como HP o IBM en tan solo cinco años.

Actualmente tiene 120 empleados y atiende a clientes en más de 40 países y, aunque trasladó su sede de gestión a Silicon Valley, el área de I+D se reparte entre Madrid y Granada, sus oficinas originarias. Aquí mismo trabajan los desarrolladores de Alienvault Labs que recientemente localizaron una versión del troyano Sykipot ideado por cibercriminales para robar los códigos de acceso de las tarjetas inteligentes que usa el personal del Departamento de Defensa de Estados Unidos.

Tenemos una materia prima de primer nivel

Afortunadamente, hay cientos de pequeños gigantes españoles como AlienVault. Acciones para darlos a conocer, que sirvan de estímulo para los futuros empresarios, que impulsen el emprendimiento y mejoren su percepción de la sociedad, no son baladí. Nuestro país nunca ha estado tan formado como lo está ahora y podemos presumir de ingenieros, arquitectos, programadores, biólogos, etc. muy cualificados a nivel global.

Una materia prima de primer nivel que hay que motivar porque son clave para emprender y para nutrir la economía española del mañana; profesionales que hoy día representan un capital humano mucho más competitivo que el de otros países desarrollados –el coste de un ingeniero en España es cuatro veces menor que en Silicon Valley–, factor que ayuda a atraer y convencer a inversores de primer nivel. Sirva de ejemplo que el gigante Kleiner Perkins entró en el capital de Alienvault en julio de 2012.

El último Observatorio del Clima Emprendedor define el retrato robot del emprendedor español como una persona pesimista, que se siente sola e incomprendida y cuyos principales obstáculos son la falta de financiación, las cargas fiscales y la incertidumbre. Y según un estudio de ESADE entre jóvenes españoles, si bien el 77% coincide en que la ausencia de ayudas económicas es la primera traba para desarrollar proyectos emprendedores, el 65% señala que la inseguridad y el miedo al fracaso constituyen la segunda gran limitación.

Puede parecer un panorama desolador, sin embargo, el ecosistema del emprendimiento en España está comenzando a asentar sus pilares y nos da motivos para ser optimistas. Sirva mirar semanas atrás en los medios de comunicación para conocer cientos de foros, eventos e iniciativas multidisciplinares –programas, redes, aceleradoras, incubadoras, etc.–, destinadas a impulsarlo, como ¡España Emprende!, que engloba a un importante colectivo de empresarios, organizaciones empresariales y sociales, emprendedores y escuelas de negocio.

Aunque el grueso de las iniciativas apunta al músculo económico, no debemos olvidar la dimensión social, en la cual participamos todos y que es igual de importante para fomentar una sociedad emprendedora. Así que, Gobierno, ayuntamientos, sociedad, familias y todos aquellos que tengamos algo que ganar en el futuro del emprendimiento: un monumento a nuestros emprendedores, por favor.

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